martes, 1 de julio de 2008

Bailar Pugliese con él, es poner tu vida en peligro

Autor: Carlos Medrano
Buenos Aires Tango. Número 182. Marzo-Abril 2007

Comentario equivalente en “calorías” a una manzana prohibida, deliciosa y tentadora. Sería el fruto de una experiencia específica, movilizadora e inolvidable. Un columpio sobre precipicios insondables. El fuego, más que con las manos, tocado con el cuerpo y con el alma. Robert Bly, en su libro Iron John dice “El calor de Eros es delicia mezclada con peligro.”

Conjeturas seductoras e inquietantes: ¿Viviré una experiencia semejante? ¿Con la misma persona? ¿Con otra?

Vivencias presididas por la música de Pugliese. Música conductora de fuertes magnetismos terrestres. Supra celestiales. Infra infernales. Seguramente alejados de las intenciones del Maestro.

Dicen que su ancestro era “decareano”. Dato que nos deja sin cuidado. Ya que la valoración de su música es en el Aquí y Ahora, gracias a interpretaciones instrumentales exclusivas y superlativas.

Sustancia bailable gracias a un sabio consejo paterno “Cuando toques tenés que mirar los pies de los bailarines. Si te siguen, es porque vas bien. Si no, el equivocado sos vos” .

¿Cuáles serían las claves de tanta riqueza expresiva?

Los que saben, nos cuentan que Pugliese enfatizaba los primeros y los terceros tiempos, seguidos por arrastres percusivos.

Una sección variable de cuerdas graves, compuesta por violas, cellos, contrabajos, son los que contribuían y contribuyen, a generar ese clima envolvente. Pleno. Macizo. Sólido, que impacta sonoramente en nuestros pechos y entrañas.

Es música que compatibiliza, plenitudes interiores con despliegues, desencadenamientos estremecedores. Vivencias contrapuestas y complementarias. Tensiones que erizan y emocionan. Colisión de placas tectónicas. Calma chicha. Maremoto. Diástole. Sístole. Contención. Estallido. Explosión. Implosión. Arriba. Abajo. Adentro. Afuera. Polos atractivos. Atrapantes. En fin, polos que no son. Ni Positivos. Ni Negativos. Música profunda y a flor de piel. Y por debajo de la misma. Ensimismamiento. Entusiasmamiento. Pugliese. Nosotros. Antes. Ahora. Siempre.

A la clase de los “Martes de los Chicos” del Club Almagro, seguía una milonga. A las 2 de la madrugada, Horacio Godoy exponía sus “puglieses” bajo luces intensamente asombradas. ¡Momentos mágicos e inolvidables!

Atreverse a bailar un Pugliese, es aventurarse a la completud. Y al vacío. Silencios... pausas... que pueden resultar intimidantes. Mil pulsaciones. Cero coreografía.

La persona que inspiró tal comentario, quizás nunca imaginó que su consustanciada interpretación, contribuyera a generar tanto peligro latente. Peligro, real o aparente. Aunque tendiente a favorecer el despliegue de nuevas alas.

Tanto disfrute y tanto riesgo, no merecerían la contratación de seguro de vida alguno. Toda vez que recordemos que una manzana cada día, mantiene alejado al médico.

Bailando Pugliese o interpretando una tanda cada tanto, nos permitirá elevarnos hasta las instancias más profundas. Libres del temor al vacío. Eso nos acercará a una enriquecedora pasión: sentirnos magníficos pilotos de prueba.

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